Centro José Guerrero

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En el Centro José Guerrero se presentan los siguientes proyectos expositivos:

Sobre bulas, juegos y brechas.

Jacobo Castellano.

El 14 de julio de 1531, el Papa Clemente VII rubricó la Bula de fundación y privilegios de la Universidad de Granada, el documento oficial que legitima las actividades académicas en la ciudad. El manuscrito es una de las piezas más importantes de la Colección Histórico-Artística de la propia Universidad. Cuando Jacobo Castellano (Jaén, 1976) visitó la colección, las conexiones y sugerencias manaron de un modo transversal para conformar un diálogo poético, un juego de sugerencias que atañen a la conformación de un imaginario común, un rito visual que habla de la historia de un lugar concreto.

En la deriva a través de la Colección, la profunda carga histórica de la Bula encuentra su traba con algunos pequeños juguetes hechos a mano por niños ingresados en un tiempo desconocido en el Hospital Real. Un dardo o una pelota, descubiertos por casualidad durante las obras de ampliación del edificio, sirven para contrastar dos intensas vidas que el artista une en busca de conexiones ocultas. La misma parábola cargada de rito se descubre en un Cristo anónimo datado en 1330. La pieza, cuidadosamente restaurada, tiene una brecha entre el hombro y la espalda que impide su movimiento. Esa fisura descubre una nueva posibilidad, un diálogo final con la alegoría a la muerte de Lorca que José Guerrero pintó en 1966. La Brecha de Víznar cierra el espacio surgente de una suerte de vínculos intangibles, una relectura de la historia, la atenta escucha de las fábulas encubiertas en los objetos con los que Jacobo Castellano construye nuevos vestigios cargados de tradición.

 

Modificación de horizonte.

Albert Corbí. 

            El paisaje de la bahía de Portmán, en la Región de Murcia, se vio modificado artificialmente durante los trabajos de extracción minera desarrollados entre 1957 y 1987. El método de extracción a cielo abierto reconducía la tierra de horizonte a unos lavaderos donde el material sobrante se convertía en residuo (inerte, en términos de minería). En 1958 se obtuvo licencia para su drenaje a 400 metros de costa. En 1961 se redujo la distancia a 250 metros. Para 1966 el puerto original ya quedaba aislado del mar. Ninguna de las iniciativas para detener el proceso tuvieron efecto. Durante el régimen franquista la explotación en Portmán suponía el 20% de la plata y el 90% del plomo nacional. Todavía en 1978 se concedieron permisos de ampliación de vertido. Debido al rellenado de la bahía, el desplazamiento sobre el horizonte geológico comprende unos 650 metros desde la playa original, el residuo se extiende 12 kilómetros en el interior de la línea de costa y anega calados de 12 metros de hondo. El nuevo horizonte de Portmán es una ficción. En Valdevaqueros (Cádiz),  Nada más acabada la Guerra Civil, se creyó divisar en el Estrecho una flota que se dedujo enemiga. En la playa se decidió acumular todo un campo dunar en una sola duna, con tal de obtener un horizonte sin obstáculos, un horizonte absoluto. El horizonte de Valdevaqueros es también ficticio. La duna artificial y las tierras anegadas de la bahia son espacios irrecuperables de la ficción.

Ambos hechos no son utopías realizadas. No son la consecuencia de un texto que se asienta como cuerpo real. Son fototopías, la toma de tierra por la imagen o su deseo intensivo. Albert Corbí (Alcoy, 1976) despliega un estudio de sobre la vigilia, entendida ésta como la toma de realidad por lo irreal. Por la imagen. La vigilia es el tiempo de espera del acontecimiento, el momento previo y posterior al sueño. En la vigilia, la imagen formada perturba los espacios reales como irrealidad y difiere de este modo de la utopía: que es la consecución de lo ficticio en pura realidad. En su ensayo fotográfico, Albert insiste en las distancias entre imagen y no-imagen, entre utopía y vigilia, e introduce un concepto, la fototopía, la toma de tierra de la imagen por la imagen misma. La fototopía es todo cuerpo a la espera de una imagen. El vigilante es un delirante en Valdevaqueros a este lado de la costa. O el que sondea la veta de una mina. Partiendo de ese delirio de la realidad, la fototopía surge como la implantación del deseo de imagen sobre el cuerpo de todo un territorio modificado.