Agus Díaz Vázquez

/ Currículum

Agus Díaz Vázquez (El Cerro de Andévalo, Huelva, 1987) es graduado en Bellas Artes por la Universidad de Granada y Técnico Superior en Diseño de Interiores, especialidad Arquitectura Efímera, por la Escuela de Arte León Ortega de Huelva. Díaz Vázquez ha realizado algunas exposiciones individuales como el Proyecto Una en la Diputación de Segovia (2017) y ha participado en otras muestras colectivas como la I Bienal Internacional fotográfica de Guayaquil (Ecuadro, 2015) o el I y II Concurso de Escultura Fundación Sierra Elvira celebrado en el Centro Cultural Medina Elvira de Atarfe (Granada, 2015 y 2017). Su trabajo ha sido galardonado con premios como el Concurso de Pintura Cerezo Moreno (Jaén, 2017) o la Beca de Residencia de paisaje para Jóvenes Artistas Pensionados en el Palacio Quintanar de Segovia.

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// Texto de presentación del proyecto para FACBA 19

Transurbancia” es un término que acuñó Franceso Careri y que habla del ejercicio de deambular por zonas urbanas que no son ciudad, pero que le pertenecen a ésta, aquello que llamamos periferia o que consigue situar y establecer el margen de lo que, con dudoso orgullo, denominamos ciudad. La Transurbancia está directamente conectada con la práctica de la deriva, esto es, la acción de dejarse aleatoriamente llevar por el espacio que habitamos, formando parte de ese devenir relacionado con el terreno y los encuentros que en éste se producen.
Estos términos entrelazados son el punto de partida del proyecto de Agus Díaz Vázquez, cuya metodología de trabajo es, precisamente, deambular, describir derivas con su cuerpo, observar elementos del paisaje, capturarlos y guardarlos en su mente para después iniciar un estudio de lo vivido a través de su pintura. Esta propuesta habla de la pintura como camino, de cómo esta práctica artística puede traducir un proceso vital tan interesante como es la observación de nuestro entorno, de la naturaleza, y de cómo la propia actividad pictórica puede convertirse en el motor de la búsqueda de lo desconocido.
Pintar estos paisajes sitúa al artista en una dialéctica entre la realidad de su contexto, la propia representación pictórica y una acción de observación y disfrute del entorno